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27.3.09

Quiero laurearme pero me encebollo


Estamos entre el día en que nace y en el que muere el gran poeta peruano Cesar Vallejo. Alguna vez leí que lo que hacía era poner una estupidez sobre otra estupidez, para luego llamarle poema. Este era en concepto que tenían algunos de sus contemporáneos; pero como en la típica historia de los pioneros, nadie da crédito a sus creaciones hasta pasado el tiempo ya.

La cuchara siempre meto, y no será esta vez la excepción, así que les va este soneto que escribí para la ocasión, y después de los catorce endecasílabos, transcribo una pequeña biografía que encontré en esta cosa del demonio llamada internet.


Cesar Vallejo


Llovió en Francia, también en el Perú,
el sollozo del cóndor de los andes.
Ayer murió un poeta de los grandes,
llegaron al panteón aves del sur

a ver la insignia en lápida caliza,
con enlutada tinta y fino esfero:
“Me moriré en Paris con aguacero,
con gárgaras de sangre y fresca risa”.

En Santiago de Chuco, su lugar,
garúa cae con trozos de papel:
son versos fragmentados de Vallejo,

hemistiquio, dos patrias, un espejo.
Y no sorprende al cóndor ver volar
en plena cumbre de la torre Eiffel


(Trejo 27/03/2009)


(Santiago de Chuco, 16 de marzo de 1892 - París, 15 de abril de 1938) Escritor peruano. César Vallejo es acaso una de las figuras de mayor relieve dentro del vanguardismo hispánico. De origen mestizo y provinciano, su familia pensó en dedicarlo al sacerdocio: era el menor de los once hermanos; este propósito familiar, acogido por él con ilusión en su infancia, explica la presencia en su poesía de abundante vocabulario bíblico y litúrgico, y no deja de tener relación con la obsesión del poeta ante el problema de la vida y de la muerte, que tiene un indudable fondo religioso.
Vallejo hizo los estudios de segunda enseñanza en el Colegio de San Nicolás (Huamachuco). En 1915, después de obtener el título de bachiller en letras, inició estudios de Filosofía y Letras en la Universidad de Trujillo y de Derecho en la Universidad de San Marcos (Lima), pero abandonó sus estudios para instalarse como maestro en Trujillo.
En 1918 César Vallejo publicó su primer poemario: Los heraldos negros, en el que son patentes las influencias modernistas, sobre todo de Julio Herrera y Reissig. Esta obra contiene, además, muestras de lo que será una constante en su obra: la solidaridad del poeta con los sufrimientos de los hombres, que se transforma en un grito de rebelión contra la sociedad.
Acusado injustamente de robo e incendio durante una revuelta popular (1920), César Vallejo pasó tres meses y medio en la cárcel, durante los cuales escribió otra de sus obras maestras, Trilce (1922), que supone la ruptura definitiva con el modernismo y con el nacionalismo literario.
En 1923, tras publicar Escalas melografiadas y Fabla salvaje, César Vallejo marchó a París, donde conoció a Juan Gris y Vicente Huidobro, y fundó la revista Favorables París Poema (1926). En 1928 y 1929 visitó Moscú y conoció a Maiakovski, y en 1930 viajó a España, donde apareció la segunda edición de Trilce. De 1931 son su novela Tungsteno y el cuento de Paco Yunque, y un nuevo viaje a Rusia. En 1932 escribió la obra de teatro Lock-out y se afilió al Partido Comunista Español. Regresó a París, donde vivió en la clandestinidad, y donde, tras estallar la guerra civil, reunió fondos para la causa republicana.
Entre sus otros escritos destaca la obra de teatro Moscú contra Moscú, titulada posteriormente Entre las dos orillas corre el río. Póstumamente aparecieron Poemas humanos (1939) y España, aparta de mí este cáliz (1940), conmovedora visión de la guerra de España y expresión de su madurez poética. Contra el secreto profesional y El arte y la revolución, escritos en 1930-1932, aparecieron en 1973.

Transcribo este soneto del cóndor parisino.


Quiero escribir y me sale espuma

Quiero escribir pero me sale espuma.
Quiero decir muchísimo y me atollo;
no hay cifra hablada que no sea suma,
no hay pirámide escrita sin cogollo.

Quiero escribir pero me siento puma;
quiero laurearme, pero me encebollo.
No hay voz hablada que no llegue a bruma,
no hay dios, ni hijo de dios, sin desarrollo.

Vámonos, pues, por eso, a comer hierba,
carne de llanto, fruta de gemido,
nuestra alma melancólica en conserva.

¡Vámonos, vámonos! Estoy herido;
vámonos a beber lo ya bebido,
vámonos, cuervo, a fecundar tu cuerva.

Cesar Vallejo

2 comentarios:

Waldo dijo...

gracias por la exquisitez de recordar al genio Vallejo

Diana Calderon dijo...

Hoy llegué a este blog, porque una amiga correctora de textos recordó el "encebollo" y yo -otra correctora- no lo recordaba... eso de que algunos veían la poesía del maravilloso Vallejo como una "estupidez sobre otra estupidez"... increíble.

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