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20.6.09

"El Siete Muertes"

Resulta que abordé un taxi que me llevaría al aeropuerto después de trabajar un par de días en la Cd de México. Éste era taxi caché, de los autorizados del WTC, pero no imaginen tanto, era un Tsurito del cual podía estar confiado de que no me asaltarían o alguna cosa por el estilo. El chofer era un señor de edad, ¿edá?, pues bueno, ya se imaginarán que venía tirando rolitas de los Black Angels o mejor conocidos como los Ángeles negros. Platicamos algunas trivialidades, ya saben, conversación de chofer y pasajero; en las escasas 4 cuadras que avanzamos a duras penas, se nos atravesaron un par de microbuses a la auténtica malagueña como presagio de lo que a continuación les comento. Ya más para allá que para acá, llegamos a un cuello de botella. Había ocurrido un accidente, un microbús atropelló a un señor. Le dije al taxista, -Ya ve, cómo no quieren atropellar a la raza si manejan de la chingada -el taxista muy tranquilo me contestó -ya se peló, el atropellado se está moviendo, ya se le armó gacho, en estos casos sale más barato que muera, seguro salió corriendo.


Claro que había escuchado eso, quién no, pero para mi sorpresa el señor me platicó que de chavo, hacía ya bastantes años, al llegar a la capital entró a trabajar de chofer de microbús. –Si usted pregunta por el Siete muertes en ese medio, le hablarán de mí, pero para no hacerle el cuento largo, yo entré y me indicaron las reglas, ¿no?, pues una de ellas era que si atropellaba a alguien sería mejor que lo matara. Yo tome muy enserio las reglas del juego, tanto que a poco menos de cumplir un año trabajando de chofer, había atropellado a 7 cristianos, y claro que para conseguir esto, más de una vez me eché de reversa para asegurarme de que no tendría problemas. De allí viene mi apodo “El Siete Muertes”.

Maldita confesión, de verdad me perturbó. Ayer recordé esto que les platico, ya que al atravesar el bulevar por poco me atropella un Ruta Norte, y por fortuna no fui parte de la estadística que otorga apodos a los camioneros.

1 comentario:

Anónimo dijo...

Pues cuidado a los camiones
de la trágica estadística
supercalifragilística
de chofers hocicones.
Al volante sin razones
que conducen los idiotas,
en la panza a Buda frotas
pa' tener una y mil suertes
¡Ah qué pinche siete muertes
y su sarta de compotas!

Jesús Cáñez
XXI. VI. MMIX

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